El roble francés. Es una especie albórea perteneciente a la familia de las fragáceas oriundo del Centro y Este de América del Norte. Está clasificada en la Sección Quercus, que son los robles blancos de Europa, Asia y América del Norte. Tienen los estilos cortos; las bellotas maduran en seis meses y tienen un sabor dulce y levemente amargo, el interior de la bellota tiene pelo. Las hojas carecen de una mayoría de cerdas en sus lóbulos, que acostumbran a ser redondeados.
Cacacterísticas
Especie tradicional de ebanistería y carpintería por sus peculiaridades estéticas. La calidad del roble se juzga por la finura de su grano, esto es, la estrechez de las anillas de desarrollo y la regularidad de la fibra. La malla, ligada a la manera del despiece, ancha y irisada, es uno de los rasgos más habituales del roble y es estimada como un factor ornamental esencial.
Las maderas finas de desarrollo apretado y regular de color claro con el mallado poco acentuado se dedica a chapa, ebanistería o bien carpintería de calidad. En la madera de segunda, los anillos de desarrollo son más anchos y menos regulares, la fibra es más irregular y el mallado más fuerte, a menudo más coloreada. Su empleo primordial es la carpintería para pintar o bien la carpintería de armar. Siempre y en toda circunstancia se tiende a buscar la utilización más noble en virtud de los gustos crecientes del público cara los materiales naturales, si bien la textura sea más grosera y también irregular (muebles, parqué).
Uno de los éxitos del roble, radica justamente en la heterogeneidad de su estructura y las irregularidades de la fibra y sus nudos. La albura considerada en su día como tirable, cuando menos en determinadas partes vistas, puede admitirse como elemento de decoración puesto que tintada puede armonizar su aspecto con la madera de duramen.
Principales usos
La madera de roble francés se utiliza para la elaboración de los barriles o barricas donde fermenta y se conservan los vinos en las bodegas. Desempeña esenciales funciones en la crianza del vino. Primeramente aporta sabores y aromas que enriquecen mucho los vinos, como vainilla, torrado, caramelo o bien café, imposibles de conseguir sin el contacto con la madera. Por otra parte ayuda a la evolución del vino, controlando la microoxigenación merced al oxigeno que se filtra por medio de los poros de la madera, fase oxidativa, y que entra en contacto con el vino.