Madera de pino negro

El pino negro puede llegar a los veinticinco metros de altura, le agrada el suelo húmedo y medra mejor en las solanas que en las zonas de más. Puede vivir entre los uno con seiscientos metros y dos con cuatrocientos metros, si bien asimismo podemos localizar ciertos ejemplares hasta los dos con setecientos metros o bien descender hasta los uno con cuatrocientos metros.

Es un pino muy resistente capaz de vivir bajo condiciones duras de frío, nieve, viento y pendientes pronunciadas, condiciones que ninguna otra especie de árbol en la Península aguanta tan bien (salvo el abeto en ciertos casos). Es de desarrollo lento por las condiciones de bajas temperaturas en las que vive.

En su nivel inferior puede formar bosques con los abetos, hayas y pino albar. Puede hibridar con este último, esto es, que el polen de uno poliniza al otro y medran árboles con peculiaridades medias entre las 2 especies.

 

Características

El pino negro tiene una madera blanda, simple de trabajar y de mucha calidad. Por motivos como éstos, se ha explotado desde la antigüedad, con lo que, como otras coníferas de montaña como por poner un ejemplo el pino albar y el pino salgareño, resalta su empleo en construcción. La tala para ganar zonas de pasto asimismo ha sido históricamente intensa. Asimismo se ha aprovechado la queja que se conseguía desde la resina.

El inconveniente es que la explotación de su madera y la tala redujeron su superficie mucho a fines del siglo XIX, hasta el punto de que se tomaron medidas de protección. Uno de los objetivos de estas medidas fue eludir las inundaciones de los ríos, pues los pinos negros ubicados en las cabeceras de los ríos tienen una función física y también hidrológica que evita inundaciones.

 

Usos

En la actualidad su madera se emplea eminentemente para el embalaje industrial, los palos de teléfono, la astilla, instrumentos, muebles, etcétera